Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog

PRUEBA: Trabant Tramp

Publicado en por tiempodeclasicos

DESCAPOTABLE DE MEDIO KILO4

VIRTUDES

  • Precio muy asequible.
  • Robustez.
  • Dirección suave.

DEFECTOS

  • Comportamiento imprevisible.
  • Consumo elevado.
  • Equipamiento y acabado.

En los países del otro lado del telón de acero también gustan los descapotables, por lo que la industria automovilística de aquellos lares pone a disposición del comprador un pequeño utilitario de carácter rural en versión convertible. El Trabant Tramp es una derivación del modelo 601, al cual se le ha quitado el techo y las puertas para convertirlo en un modesto “cabriolet” de aspecto arcaico.

MECANICA                                                                                                                     2

Este pequeño vehículo tiene una mecánica que no desentona con el resto, ya que su sencillez es notable. El motor es un dos cilindros de dos tiempos con la culata y el bloque de aleación ligera. La refrigeración es por aire y el engrase se realiza mediante la mezcla de aceite que se echa en la gasolina, como si fuese una moto. En definitiva, es un motor muy sencillo pero muy limitado, puesto que la vetustez del diseño no da para más. El motor tiene una cilindrada de 594,5 centímetros cúbicos y desarrolla 26 caballos de potencia. La caja de cambio es de cuatro marchas, todas sincronizadas, pero con la peculiaridad de que la cuarta velocidad tiene un mecanismo de rueda libre, es decir, que cuando se circula en cuarta velocidad el motor no retiene absolutamente nada. Ocurre igual que en una bicicleta cuando se deja de dar pedales.

Este mecanismo permite ahorrar algo de combustible en pendientes suaves, en las que se puede levantar el pie y dejar caer el coche. Otra peculiaridad del cambio de marchas es que la palanca está sobre la columna de la dirección. Una vez que se le ha tomado el aire al manejo resulta bastante suave y tan sólo la marcha atrás se muestra un poco reticente a la hora de ser engranada. La tracción es a las ruedas delanteras y la suspensión es totalmente independiente con una ballesta transversal en cada eje.

Al igual que en una moto, el combustible llega al carburador por gravedad, sin necesidad de bomba, ya que el depósito se encuentra en el habitáculo del motor, por encima de éste. La llegada de combustible al motor se regula mediante una llave con tres posiciones: abierto, cerrado y reserva.

En principio parece claro que el Trabant tendría que ser un coche económico, pero a la hora de hacer números la única economía que se obtiene es el precio inicial, ya que el consumo está muy por encima de lo esperado a la vista de las prestaciones que se obtienen. En ciudad, a nada que se apuren las marchas cortas, el consumo supera los 10 litros a los 100 kilómetros. Dada la poca elasticidad del motor hay que estar cambiando de marchas constantemente y no queda más remedio que recurrir a la segunda. Por carretera y autopista se pueden mantener velocidades de crucero de unos 80 kilómetros por hora siempre que no haya repechos importantes. Al rodar por autopista es necesario exprimir los 26 caballos al máximo para poder mantener una velocidad de acuerdo con las exigencias de la circulación, y el consumo se resiente, rondando los 10 litros cada 100 kilómetros. A este consumo elevado hay que añadir la necesidad de utilizar una mezcla de gasolina con un 2 por 100 de aceite, que supone un incremento de casi nueve pesetas por litro de combustible. En cuanto a velocidad máxima, este coche se queda en el umbral de los 100 kilómetros por hora con la capota puesta. Con los pelos al aire la velocidad punta se queda en unos modestísimos 96 kilómetros por hora.2

EQUIPAMIENTO                                                                                                            1

A la vista está que la estética del Trabant está un tanto trasnochada. El aspecto externo da sensación de solidez y la línea no se puede decir que sea excesivamente estilizada. La carrocería es en su mayoría de Duroplast, un material plástico sumamente duro, pero bastante ligero en comparación con la chapa. Gracias a esto el peso total del coche es de tan sólo 645 kilos.

En el interior se mantiene la austeridad general del coche. El cuadro de instrumentos es mínimo y con una serie de interruptores de aspecto bastante curioso. En el centro hay una esfera en la que está el velocímetro y el cuentakilómetros, así como unos testigos de carga del generador y de los intermitentes y luces. A la izquierda de la columna de la dirección hay una única palanca con la que se acciona las ráfagas, el claxon y los intermitentes, estos últimos sin mecanismo de retorno automático. El coche monta de serie unos faros antiniebla que, junto con el alumbrado ordinario, permiten una iluminación suficiente para sus prestaciones en las condiciones más difíciles.

La ventilación es mínima y la calefacción despide un olor a gasolina que, estamos seguros, es preferible pasar frío antes que ponerla. El acabado general del coche es bastante deficiente. Los asientos, aunque muy simples, resultan cómodos, pero el material empleado no permite la más mínima transpiración y sus ocupantes se quedan literalmente pegados a nada que haga un poco de calor. Tienen la contrapartida de que la tapicería está siempre limpia, sea cuando se utiliza en un medio rural, sea en la playa. El asiento trasero es sólo válido para dos personas y el espacio para las piernas es mínimo, por lo que sólo es aconsejable realizar trayectos cortos. Quitar y poner la capota resulta bastante sencillo, ya que basta con tirar de la parte delantera hasta que encaje en los anclajes que hay en el parabrisas. En cambio resulta bastante laborioso montar las puertas de lona que cierran por completo el habitáculo. Lo mejor es limitar el uso de estas puertas a los días en que las temperaturas son extremas.1

COMPORTAMIENTO                                                                                                     1

Este es sin duda alguna el punto más negativo del Trabant. Las reacciones del coche son imprevisibles en todo momento. La caída de las ruedas traseras lo hacen muy propicio a los bandazos de la cola, con lo cual hay que conducir el coche con mucha atención para no darse sustos. A este comportamiento irregular colaboran los neumáticos de tipo todo terreno, que son muy duros y con unos tacos de gran dimensión. También se une a las sorpresas el mecanismo de rueda libre. Una curva sin problemas se puede convertir en una aventura espeluznante si se suelta el acelerador con la cuarta velocidad engranada. En ese momento el coche se hace dueño de sus propios destinos tomando cualquier trayectoria, en la mayoría de los casos distinta de la escogida por el conductor.

Afortunadamente, los frenos responden bastante bien, aunque la fuerza que hay que ejercer sobre el pedal es considerable. En definitiva, el Trabant es un coche que invita a una conducción sumamente tranquila sin ningún tipo de alegrías. Es destacable la dirección, que resulta bastante suave incluso a coche parado, debido principalmente al poco peso que soporta el eje delantero.

El Trabant Tramp resulta, en definitiva, un coche suficiente para trayectos cortos por zonas rurales o de playa sin más pretensión que transportar a sus ocupantes de un sitio a otro, al aire libre, por el precio más barato del mercado.


FRENOS: Sufienentes

DISTENCIAS DE FRENADO (en metros)

A 60 km/h.

14,20

A 90 km/h.

34,20

 

CONSUMO: Demasiados humos

CONDICIONES

l/100 km

CIUDAD

   A 26,8 km/h. de media

 

9,5

CARRETERA

   A 90 km/h. de crucero

 

7,8

AUTOPISTA

   A fondo

 

9,8

AUTONOMIA

   Consumo medio ponderado

   Recorrido (kilómetros)

 

9,0

240

 

PRESTACIONES: Poca punta

VELOCIDAD MÁXIMA (km/h.)

   Con capota

   Sin capota

 

99,7

95,8

ACELERACIÓN (seg.)

   400 m. salida parada

   1000 m. salida parada

 

24,9

51,0

RECUPERACIÓN (seg.)

   400 m. desde 40 km/h. en 4ª

   1000 m. desde 40 km/h. en 4ª

   De 60 a 80 km/h. en 4ª

 

25,1

48,6

15,0

 Nuevo-Imagen-de-mapa-de-bits-de-Windows.JPG

3

 

Fuente: Motor 16 Nº 87, 22 de junio de 1985.

Texto: Víctor Piccione.

Comentar este post