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PRUEBA: Authi Mini 850

Publicado en por tiempodeclasicos

Mini-850-4.jpg

VIRTUDES

  • Suficiente nervio motriz.
  • Buena estabilidad.
  • Consumo razonable.
  • Excelente maniobrabilidad.

DEFECTOS

  • Neumáticos inadecuados.
  • Asientos poco racionales.
  • Motor ruidoso a alto régimen.
  • Acabado excesivamente modesto.

Mucho se hizo de rogar el Mini 850, un coche que ha dado fama, prestigio y popularidad a su fabricante en Inglaterra. Mucho se ha hecho de rogar antes de salir al mercado español, tras su fabricación en Authi, en Pamplona. Y cuando lo ha hecho, sale ya con el anagrama en que figuran las palabras British Leyland Authi, que denotan bien a las claras quiénes son los que llevan la voz cantante en la factoría pamplonica. Salió, -por fin-, como reza la propaganda, y lo hace con la espectacularidad de un precio sorprendente, que le coloca en una posición muy ventajosa respecto a otros utilitarios de la competencia. Y todo ello, sin desmerecer en mucho del modelo 1.000 Standard, que es, prácticamente, del que procede. 

INSPECCIÓN A COCHE PARADO

Acabamos de decir que el Mini 850 no desmerece en mucho del 1.000 Standard, al menos exteriormente, las diferencias más sensibles, o las únicas, son ésa ya citada del anagrama, y la carencia de pilotos de intermitencia a los costados. En el interior, se advierte en seguida un marcado acento utilitario, pero eso es, ni más ni menos, lo que han pretendido, desde el primer momento, sus fabricantes. Los asientos son en skai, sustancia que utilizan otros fabricantes para modelos más lujosos, por lo que no cabe ponerle más reparo que el que el skai tiene de por sí; es decir, que resulta frío en invierno, y que hace sudar mucho en verano.

Lo que sí cabe imputar al fabricante es el hecho de que los asientos delanteros, abatibles en su base hacia adelante, para dejar paso a los pasajeros de atrás no tengan sujeción alguna. Así, al menor frenazo, el asiento tiende a lanzarse hacia adelante, o más bien levantarse, lo que no deja de ser un problema, tanto para conductor como acompañante, pero especialmente para el conductor. Aparte esto, la postura de conducción es cómoda. Delante, un salpicadero con todos los avisadores e instrumentos de control, en un solo reloj, grande, colocado en el centro de lo que podría ser el tablero de a bordo. El resto del espacio queda como guantera gigante, semicircular y rematada debajo por una bandeja forrada. Mucho espacio, por tanto, para colocar objetos, pero con el inconveniente de que queda muy a la vista, y no es aconsejable, por consiguiente, dejar nada, en ausencia del conductor, porque sería un buen reclamo para los descuideros.

Mini 850 3El espacio portaobjetos se completa con unas amplias bolsas a cada lado, adosadas a las puertas. No son bolsas corrientes, pegadas al forro de las puertas, sino un espacio ancho, abierto, a manera de cajón, que aprovecha el bombeado de la parte baja del coche, para no restar espacio alguno a conductor y pasajero. Estas bolsas, aunque abiertas, es decir sin tapa alguna, permiten guardar objetos con más discreción que la bandeja, porque quedan un tanto ocultas al cerrarse las puertas. los pasajeros de atrás conservan, en cambio, todo ese espacio bombeado de los costados, y con ello disfrutan de una enorme amplitud. Hay espacio para tres plazas; pero quien fuera en el centro habrá de soportar la dureza del nervio central del asiento, y eso, en un viaje largo, se hará insufrible. Las puertas abren desde dentro, tirando de un cable que acciona el pestillo. Un sistema muy rudimentario, muy modesto, pero que, en su favor, cabe decir; que no es muy dado al fallo. Hay muchos sistemas de apertura y cierre de puertas, mediante pomos o tiradores, que fallan infinidad de veces, aun siendo aparentemente más lujosos y caros. En los casi cuatro mil kilómetros de prueba a que hemos sometido al Mini 850, objeto de nuestro estudio, el sistema de cable de apertura de puerta, no falló una sola vez. En cambio sí se acusó en seguida la ligereza de acabado en la colocación de las gomas de ajuste de los cristales de ventanillas. En primer lugar, hay que hacer constar que los cristales son deslizabas, en corredera, y no por manivela hacia abajo. Un handicap que se deja sentir, sobre todo en época de calor, porque los cristales así abiertos, no airean debidamente, sino que producen unas corrientes extra de aire.

Mini 850 1Y, en cuanto a las gomas antes citadas, nos ratificamos en el hecho de que, a los pocos deslizamientos de cristales, ya quedaban colgando, fuera de sus canales de ajuste. De visibilidad, muy bien. Esto no es un secreto, porque el coche, al menos en su carrocería, es harto conocido. En todo caso, la visibilidad hacia atrás, tan fundamental para la seguridad en casos de adelantamientos u otras maniobras, queda algo mermada, no por la existencia de ángulos muertos en la chapa, sino por deficiencia del espejo retrovisor, que es sencillamente escaso. Como remate de esta inspección a coche parado, fijamos la atención en el maletero, situado en la parte de atrás, a espaldas y bajo los asientos traseros, y aunque el espacio es bastante reducido, es lo suficientemente proporcionado y racional como para introducir un equipaje normal. En este modelo, la rueda de repuesto, que está alojada en la base del maletero, queda descubierta. Se han ahorrado la tapa, en esa purga de elementos no imprescindibles, a fin de abaratar el vehículo. Y esta tapa, aunque, efectivamente, no es imprescindible, será un problema cuando la rueda de repuesto esté sucia por el uso.

Mini 850 2MOTOR: RENDIMIENTO

El motor del Mini 850 es, básicamente, el mismo que el del modelo 1.000, salvo las medidas de carrera de los pistones, que son de 63 mm., en lugar de 68. Así, la cilindrada, o cubicaje, queda reducida a 848 c.c., y la potencia, menguada también, aunque en menor proporción de lo que cabía esperar: sólo 3 CV de diferencia con el modelo 1.000, que tiene 40 SAE. Va alojado el motor, como se sabe, en la parte delantera, con tracción también delante, y está colocado de forma transversal a la marcha, según la técnica tradicional de su diseñador Alex Issigonis. Un motor de técnica algo antigua, bien es cierto, pero que quizá por esta misma causa haya logrado su máximo de superación y rendimiento.

Hemos señalado al principio que la potencia ha sido menguada en menor proporción de lo esperado, y es cierto. Todo hacía prever que, al reducir la cilindrada, la potencia bajará mucho, y lo que es más definitivo: la relación peso-potencia. Pero no. El peso ha disminuido, por la eliminación de muchos elementos, considerados por los fabricantes como superfluos, en su afán de hacerlo eminentemente utilitario y funcional. Así, con menos de 600 kilos de peso en vacío, y con una potencia de 37 CV, la relación peso-potencia es de unos 16 kilos por caballo, que no está nada mal. Queda, por tanto, muy brioso este Mini, con sus limitaciones, claro está. Limitaciones que, por una u otra causa, se ponen de manifiesto en bajo y en alto régimen. En bajo régimen, porque el coche no responde como el conductor deseara, y de ahí que las arrancadas no sean muy espectaculares como el público está acostumbrado a ver en este tipo de coche tradicionalmente deportivo.

En alto régimen, porque la sonoridad del motor llega a resultar molesta, y el conductor, instintivamente, levanta el pie. Tiene el régimen máximo a 5.500 vueltas por minuto. Y es a partir de las 4.500, aproximadamente, cuando el nivel sonoro adquiere proporciones exageradas. Y no es que esto resulte pernicioso, ni mucho menos. El coche anda sobrado de robustez y soporta perfectamente un régimen alto sostenido. El problema está en que el conductor se acostumbre o no. Por lo demás, el motor resulta muy aceptable: es muy elástico; robusto; se puede hurgar fácilmente en él; arranca en seguida empleando el estrangulador de aire, y toma temperatura en breves momentos. En el vehículo objeto de nuestra prueba, la temperatura subía con exceso, y el consumo de agua, a nuestro entender, resulta excesivo. Y esto, según hemos podido verificar, es denominador común entre buena parte de los usuarios del Mini 850.

Mini 850 5VELOCIDADES

No consigue este Mini unas velocidades muy altas. Los fabricantes señalan 120 Km. hora, y, en honor a la verdad es posible conseguirlos, pero en circunstancias muy favorables. No hay por qué dejarse guiar por esta cifra porque el conductor difícilmente la conseguirá, a no ser que encuentre el viento a su favor, y en una ligera cuesta abajo. En el promedio de un tramo tomado en dos direcciones, que es como debe medirse esta velocidad máxima, nos dio una cifra de 115 Km. hora. De todas formas, habida cuenta que el motor, como hemos dicho antes, es muy robusto, permite mantener velocidades altas durante largos trayectos sin perjuicio. Una buena velocidad máxima, desahogada y segura, es la de 100 Km. hora.

TRANSMISIÓN

Es uno de los elementos más discutidos del coche. La extraña colocación de la palanca de cambios, mueve a un sector de la crítica a juzgarla inapropiada. La verdad es que sólo es extraña, porque, a la hora de la verdad, es decir, a la hora de cambiar, las marchas entran con suavidad, y sólo es problema de hábito. El hecho de que el motor vaya atravesado en el capó delantero, horizontal a la marcha, y el deseo de simplificar las cosas, a efectos económicos, han dado lugar a que la palanca de cambios vaya directamente a la carcasa que, encierra el mecanismo. Y como esa carcasa está delante, a casi el nivel del suelo del coche, la palanca va desde el alcance de la mano del conductor, hacia adelante, abajo, formando un ángulo agudo con el suelo, y no recto, como es tradicional. La selección de marchas debe, hacerse, entonces moviendo la palanca hacia arriba o hacia abajo, y no hacia delante o hacia atrás, según lo usual.

Eso es todo. Porque, aparte esto, la sincronización es perfecta en las cuatro velocidades, y el rendimiento apropiado también en cada marcha. La tercera, especialmente, es muy elástica, y muy brillante, permitiendo alcanzar los 92 Km. hora, lo que es muy reconfortante, sobre todo en adelantamientos. El embrague, de diafragma, es progresivo, y funciona con suavidad.

SUSPENSIÓN

El Mini 850 ha sido despojado de la suspensión hidrolástica, que tanta fama y prestigio ha dado a los demás vehículos de la B.M.C. Y en su lugar se ha introducido una suspensión poco usada, que consiste en unos simples elementos de caucho, independientes en las cuatro ruedas, en lugar de ballestas o muelles, complementados, eso sí, con los correspondientes amortiguadores. No es tan eficaz como la hidrolástica -cuya fama no ha sido conseguida en balde-, pero es suficiente. En todo caso, lo que se nota bastante es la falta de neumáticos radiales, detalle que se aprecia particularmente en las curvas, donde se produce una ligera deriva, que sin ser peligrosa, llega a inquietar al conductor. De todas formas, en conjunto, la suspensión es buena, aunque algo dura.

DIRECCIÓN

Es de cremallera, y, en honor a la verdad, resulta sumamente agradable. Tiene un recorrido muy corto, de tope a tope: sólo dos vueltas y cuarto, lo que permite unas correcciones rápidas, muy de agradecer en zonas de curvas continuadas, a uno u otro lado. El manejo del volante es cómodo, y el giro suave. A coche parado, tampoco se requiere gran esfuerzo. En suma, una dirección muy notable, y muy apropiada a un coche que si bien en esta versión no anda sobrado de potencia, nació con aires netamente deportivos.

FRENOS

También en frenos, el Mini 850 acusa la purga de que ha sido objeto en su afán de utilitarismo. No hay discos, por tanto, en las ruedas delanteras, sino tambor. Frenos de tambor en las cuatro ruedas, que si bien son suficientes, teniendo en cuenta el reducido peso del vehículo, no pueden llegar a suplir la eficacia de los de disco, no en cuanto a la detención del vehículo, sino en cuanto a refrigeración en usos prolongados. Como las velocidades no son muy altas, y el peso tampoco es excesivo, basta con los frenos de tambor que, por demás, resultan progresivos y no experimentan desviación alguna en la trayectoria en caso de frenada brusca.

ESTABILIDAD

Al hablar de la suspensión, apuntamos una debilidad acusada del Mini 850: la dureza de los elementos de goma, y la inoportunidad de los neumáticos convencionales en lugar de los radiales. Esto se deja sentir en el terreno de la estabilidad. Lo primero, por la dureza y rebotes sobre suelos rugosos o irregulares; lo segundo, por esa ligera deriva de la parte trasera, que se aprecia en curvas a fuerte velocidad. Aparte esto, el comportamiento es el ya característico de los Mini, de gran agarre y con una tremenda y tranquilizadora sensación de estabilidad y seguridad.

Mini 850 2CONSUMO

Viene precedido este coche por un prestigio de económico francamente interesante. El consumo de combustible que se señala es bastante bajo. Demasiado bajo. Porque luego, en la realidad, sube más de lo indicado, aunque no excesivamente. En nuestra prueba, en carretera, y consiguiendo un promedio de unos 70 Km. hora, el consumo fue de 7,5 litros a los 100 Km. Forzado casi a tope, para lograr una media de 80, en tramos medianamente accidentados, el consumo subió a 8 litros y algo más, sin llegar a los 8,5. Es un buen consumo, pero superior, desde luego, al que fija el fabricante. Quien quiera ir fuerte por carretera en este coche -lo cual es muy probable, porque dentro del coche la apetencia surge en seguida-, difícilmente rebajará la cifra de consumo de los 8 litros.

COSTO POR KILÓMETRO

Teniendo en cuenta los factores que entran en juego para el cálculo del costo en el primer año de vida de los coches que venimos probando, o en su equivalente de 10.000 Km., el Mini 850 nos arroja un costo por kilómetro de unas 4,10 pesetas, que es una cantidad muy equilibrada. Y decimos equilibrada porque aun cuando económicamente hay diferencias muy sensibles entre este Mini y los anteriores modelos de Authi, con lo que se ha puesto de manifiesto el propósito de los fabricantes de estar a tono en el mercado, no hay porqué echar las campanas al vuelo, porque relativamente, es decir, comparado con otros coches de su estilo, no se aprecian las ventajas, a no ser las de que, pese a todo, resulta un coche muy apetecible.

 

Fuente: VOLANTE Nº 13.

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