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PRUEBA: Renault Fuego GTX

Publicado en por tiempodeclasicos

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VIRTUDES

  • Estética.
  • Confort y amplitud.
  • Buen comportamiento.
  • Precio competitivo.

DEFECTOS

  • Nervio discreto para un deportivo de 2.000 cc.
  • Vibraciones en los frenos.
  • Frenada inestable con piso irregular.

Es evidente que Renault siempre ha hecho buenos coches utilitarios. Sin embargo, el público deportivo que no deseaba llegar a un nivel tan sofisticado como el de los Alpine, se encontraba en la necesidad de recurrir a otras marcas. Con el tiempo, las mentalidades cambiaron y hace unos años, en Renault empezaron a soplar aires vivificantes y renovadores. Los resultados pronto saltaron a la vista. El espíritu de la competición se reflejó de inmediato en la totalidad del producto y pronto empezaron a aparecer nuevos modelos, que aportaban algo más contundente y palpable que lo ofrecido hasta entonces. Y no es que el Fuego, sucesor de los antiguos R-15 y 17, resultara un pura sangre —no es su objetivo—, sino que empezaron a verse soluciones de diseño más actuales y acordes a las cada vez mayores exigencias del público. Fue precisamente el Fuego el que abrió la brecha y hoy es un producto perfectamente comparable con los deportivos que más aceptación han tenido últimamente.

El Fuego es un vehículo deportivo, pero en él se han hecho importantes concesiones a aspectos tales como la presentación con la capacidad interior. Asimismo, no puede decirse que tenga el nervio de un deportivo nato, pues su motor —con ser un dos litros— es relativamente tranquilo. Sin embargo, es un coche atractivo como pocos, pues sabe ganarse al usuario, ya sea éste de un tipo o de otro. Sabe darle una elevada velocidad punta, si es eso lo que busca; sabe darle una capacidad interior de cuatro plazas, si las necesita; ofrece una carrocería llamativa, si lo que se pretende es no pasar inadvertido; en fin, se adapta a prácticamente todos los estilos de conducción. El resultado que tenemos al final es un vehículo atractivo y muy interesante.

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LO PRIMERO, LA BELLEZA

Ciertamente, lo primero que nos llama la atención son las formas exteriores del nuevo modelo disponible en nuestro mercado. Nuestros lectores ya lo conocen, pues en anteriores ocasiones hemos tenido ocasión de mostrárselo. Es un diseño de lo más avanzado que pueda verse. No tiene la virilidad de unos ni la brillantez de otros. Sin embargo, sus formas redondeadas responden a los cánones más futuristas que hoy rigen el estilo europeo. Mucho cristal y perfiles suaves son básicos para conferirle una personalidad indiscutible, propia de la nueva escuela francesa. También es verdad que el Fuego es un coche relativamente grande, si lo comparamos con un VW Scirocco o con un Triumph TR-7. Mide 4,36 metros de largo. Inclusive, también es más pesado y esto ya empieza a notarse más, pues está cerca de los 1.100 kilos (1.080 exactamente). Al hablar de las prestaciones, pero sobre todo cuando se trata de nervio o vivacidad en la respuesta, esos kilos empiezan a ser ya considerables.

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LO SEGUNDO, LO PRACTICO

Sin embargo, la belleza hoy no se concibe si no es práctica. Son tiempos pasados aquellos de "la belleza por la belleza". Eso hoy ya no vale; hay que dar algo más. Los hombres de Renault, fieles a este principio, no sólo han logrado un bello diseño, sino que éste es eficaz. Un coeficiente de penetración aerodinámica (Cx) de 0,35 lo prueba y sin duda es un valor sumamente competitivo para un coche de producción como es éste.

Pero lo práctico no se queda sólo en el perfil de la carrocería. Sus parachoques protegen sus delicadas formas con toda eficacia. Y en el interior, la visibilidad es excelente. No hablemos ya de la capacidad interior, válida para cuatro personas y su equipaje. Esto es quizá lo más práctico de este confortable deportivo, que viene a remachar este concepto, sólo puesto en práctica anteriormente por algunas marcas aisladas. Ciertamente, los 4,36 metros de largo citados están para algo, pero la verdad es que muy pocos deportivos de este tipo ofrecen un habitáculo tan amplio a lo largo y a lo ancho. Además, su maletero es considerable, inclusive con algunos huecos practicables bajo el nivel de carga.

Tiene otra ventaja y es que los respaldos de los asientos traseros se abaten independientemente, pudiendo utilizar tres plazas si se desea y con más capacidad para el equipaje. Esta ventaja de la capacidad interior muy pocos coches de este tipo la tienen y sin duda es una baza del Fuego, como lo es la suavidad de la suspensión, de los asientos o de la dirección, que contribuyen en la consecución de un óptimo nivel de confort. Ciertamente, al llegar aquí los conductores más deportivos hubieran preferido una suspensión más dura, que hubiera llevado más lejos los límites del Fuego; unos tarados más enérgicos, que en combinación con un motor más potente colocara al deportivo francés en un nivel más competitivo frente a coches como el Alfa GTV 2.0 o el VW Scirocco. Pero debemos insistir en que el Fuego ofrece otras ventajas que no tienen el italiano ni el alemán, empezando por el precio, que aún no hemos citado, pero que es claramente inferior. Siguiendo con lo práctico y a nivel de presentación interior, el Renault Fuego GTX hace gala de un equipo completo y funcional. Cerraduras y elevalunas eléctricos son algunos de los refinamientos del GTX que se vende en España.

La dirección asistida es otra de sus ventajas ya citadas. Y, además, resulta francamente agradable aun en los terrenos más virados y "con el cuchillo entre los dientes"; es decir, atacando como si se tratara de hacer un "crono" en un tramo de un rallye. Con menos de tres vueltas de recorrido de tope a tope, nos encontramos con una dirección lo suficientemente rápida y capaz de neutralizar las irregularidades del piso, amén de una precisión que no ofrece dudas. A este respecto, siempre habrá quien eche pestes de las direcciones asistidas, pero creemos que antes de tomar una decisión, la del Fuego merece ser probada.

Por lo demás, las vestiduras de las puertas y de los paneles laterales posteriores son todo un ejemplo por cómodos y funcionales.

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LO TERCERO, EL PLACER

Quizá el placer de conducir queda relegado en el Fuego a un tercer lugar. Una cosa es evidente: al gran público en general le resultará satisfactorio. No en vano roza los 190 km/h. de velocidad punta, al mismo tiempo que su capacidad de recuperación es notable. Pero ello no quiere decir que el usuario rápido y el usuario tranquilo estén igual de satisfechos. Sí, ciertamente, es una velocidad punta elevada, pero el conductor rápido echará en falta un mayor nervio, una capacidad de aceleración superior. Es lo único que se le puede achacar, aunque ese mismo tipo de conductor también pensará que el cambio es rabiosamente lento cuando se afronta un tramo virado que exige manejar la palanca con rapidez. Algunos se preguntarán: ¿y esto es un defecto? Pues en un deportivo, sí. Aunque la vocación del Fuego sea la de un deportivo cómodo y amplio. En esto, lo cortés no quita lo valiente. Por lo demás, el manejo del cambio resulta agradable, pues es bastante más preciso que el de un R-18 y cae bien bajo la mano del conductor. Tiene además cinco marchas y los escalonamientos son correctos, no bajando nunca el motor de las 4.000 r. p. m., régimen al cual tiene ya buen empuje. De primera a segunda cae a las 4.000 r. p. m. citadas; de segunda a tercera, cae a 4.500; de tercera a cuarta, cae a 4.900, y de cuarta a quinta, cae a 5.250 r. p. m., según los valores reflejados en el cuentarrevoluciones y haciendo los cambios a 6.000 r. p. m. De esta manera, las velocidades máximas obtenidas en cada una de las marchas son 50 km/h., 80, 130 y 170.

Saliendo en carretera, sin embargo, apreciamos ciertas particularidades menos agradables, fruto no sabemos si de un mal trato previo o de defectos inherentes al Fuego. Hay ruidos procedentes del cambio y de la transmisión. También suena el salpicadero, que vibra exageradamente, aunque sus vibraciones son tímidas en comparación con las de los frenos. El coche contabilizaba en su contador 20.000 kilómetros.

Pese a todo, el comportamiento general es muy satisfactorio. En una carretera de tipo Redia, que permite llevar velocidades de crucero elevadas, el Fuego se comporta irreprochablemente. Mantiene velocidades del orden de 170 km/h. y lo hace sin dar ningún sobresalto al conductor. Es eficaz. En carretera secundaria, por el contrario, la eficacia se logra de una manera muy distinta, a base de una conducción un poco menos fina, por decirlo de alguna manera. Su comportamiento en zonas viradas y de piso irregular, no puede decirse que acuse vicios, ni mucho menos que sea perezoso para inscribirse en las curvas. El Fuego acepta bien un tratamiento deportivo para colocarse a golpe de volante. Quizá en este terreno, lo menos agradable sea la ligereza del puente trasero cuando se frena bruscamente o se hace con las ruedas no perfectamente alineadas. La transferencia de cargas es tal vez excesiva, de manera que las ruedas traseras tienen más facilidad para perder el contacto con el suelo que en otros coches. Sin embargo, se controla francamente bien y esa ligereza de atrás incluso hace que nos olvidemos un poco que se trata de un todo delante; precisamente, porque como hemos dicho antes, el Fuego se coloca muy bien y una vez que está en apoyo, su fidelidad a los deseos del conductor es irreprochable. Por lo demás, también su capacidad motriz es reseñable positivamente. De los frenos, cabe decir que tras un trabajo intensivo el recorrido del pedal se acentúa, pero no hay una pérdida importante de eficacia.

El tema de las prestaciones, ya decimos que está caracterizado por la buena velocidad máxima, que se cifra en188 km/h. En aceleración, el kilómetro con salida parada buena cifra, pero si lo comparamos con los 33,1segundos que invierte un Fiesta XR-2, vemos que no es nada excepcional. El valor de recuperación partiendo de 40 km/h., en cuarta, también es favorable con 34,6 segundos, mientras que partiendo de 50 km/h., en quinta, se queda en 34,2 segundos.

Pasando a los consumos de combustible, hemos registrado 14 litros en ciudad y 10,4 litros en carretera Redia a una velocidad de crucero de 130 km/h., mientras que en carretera de montaña, en conducción más deportiva, subió a 12,8 litros.

Con un precio total que no llega a 1.370.000 pesetas, el Renault Fuego GTX se presta a librar una batalla comercial que sobre el papel le es favorable. Cuenta en su haber con una serie de ventajas muy importantes a nivel de estética, confort, habitabilidad, comportamiento y velocidad máxima, que le sitúan en una posición bastante buena frente a sus competidores de importación. Es considerablemente más barato y ello también tiene su importancia, aunque en contrapartida, no llega a tener la vivacidad y el brío de algunos de esos competidores.

 

Fuente: VELOCIDAD Nº1056, 5 de Diciembre de 1981.

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