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PRUEBA: Seat 127 CLX

Publicado en por tiempodeclasicos

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Acometer la prueba de un vehículo como el 127-CLX es, a la vez, una tarea sencilla y terriblemente complicada. Fácil por cuanto las diferencias sustanciales con respecto a un 127 convencional de última serie son escasas; el mismo argumento sirve para la tesis contraria, la de que localizar el matiz es complejo.

Las series CLX, ciertamente limitadas en producción, han supuesto siempre un aliento importante a cada gama de vehículos Seat. Sirva el ejemplo reciente de los Ritmo, que con la versión CLX ganaban un número importante de merecidos adeptos, o el de los 131/2000. Más peso tiene aún la obligada referencia a los desaparecidos 131/1800 con los que tímidamente se inaugurara la serie CLX, coches que llegaron a un número limitadísimo de usuarios y que muy bien pudieron haber sido un éxito rotundo... de no extinguirse el “stock” de brillantes motores 1800.

Si hemos de buscar una justificación a la existencia del Seat 127-CLX, ésta es la de la utilidad. Como buen compacto de reconocido prestigio; el 127 resulta inmejorable en el tráfico urbano, ya que sus dimensiones y la adopción de un motor económico con cambio de relaciones cortas permiten un uso rápido, eficaz y sin grandes complicaciones.

Elevar la categoría y presentación de un modelo tan popular nos parece una buena idea, aunque tal vez en este caso Seat se ha quedado corta y ha roto con una tradición que empezaba a ser brillante: las versiones especiales CLX. Sin ofrecer grandes mejoras, el Ritmo CLX incluía un cambio nuevo, capaz de modificar por completo las prestaciones y los consumos. Sin embargo, el 127 se queda en lo estético y los detalles de presentación —dicho sea de paso, sin conseguir por completo sus objetivos—, sin que el funcionamiento de la mecánica se vea afectado.

Bien por los nuevos detalles de presentación, colores, tapicerías y accesorios; no tan bien por sus asientos. Decepciona un tanto por su inalterada mecánica, producto de una espera mal asumida —la llegada del Diesel— más que de una imposibilidad técnica.

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CARROCERIA: UN INTERIOR DESTACABLE

Sin duda, sigue siendo el mismo. Muy buena accesibilidad a través de sus tres puertas y una sensación de espacio poco usual en un automóvil de este tamaño. Las molduras plásticas laterales, muy útiles en el tráfico urbano y en el aparcamiento, son un acierto que ya está generalizado. La parrilla frontal es negra, así como los paragolpes de nuevo diseño, los limpiaparabrisas, retrovisor y otros detalles. Aun siendo la misma, la carrocería gana puntos con los dos colores metalizados —plata o cobre— y toda la serie de detalles. Sin olvidar, también en negro, las tres menciones CLX y las pequeñas líneas paralelas alrededor de todo el coche.

La auténtica novedad, que justifica la existencia de todo el coche, reside en el interior. Tal novedad resulta destacable, aunque no puede decirse que los asientos hayan conseguido en cuanto a confort el rendimiento deseable.

Los asientos son nuevos, así como la tapicería y los revestimientos (terciopelo en las puertas). Hay moqueta en el suelo a la vez que refuerzos en plástico a la altura de los pies del conductor.

Dentro del apartado asientos hay dos cosas realmente destacables. Por un lado, la estupenda alternativa del abatimiento independiente de las dos plazas traseras, lo que otorga posibilidades suplementarías tanto en la accesibilidad como en el aprovechamiento de espacio (el maletero gana gran volumen cuando sólo viajan tres pasajeros). Por otro lado, una cualidad negativa: la falta de comodidad en los asientos. Sabido es que los asientos duros evitan el cansancio de los viajes largos, sobre todo si están anatómicamente bien estudiados; pues bien, los asientos del 127 CLX son realmente duros y cumplen con esta importante aunque desprestigiada condición.

Sin embargo, su forma —aunque más envolvente— no reúne las mínimas condiciones para que la zona lumbar descanse racionalmente y tras un par de horas de viaje, es imposible no sentirse literalmente zarandeado. La distancia libre de la cabeza al techo es mínima, lo cual da una visibilidad inusitada a los pasajeros de más corta estatura, a cambio de algún que otro coscorrón contra el revestimiento del techo, ciertamente logrado en su concepción, pero muy poco apropiado para evitar martirizar el cráneo del conductor. Los nuevos reposacabezas, siguiendo la norma actual, sirven de bastante poco como tales.

Todos los revestimientos son nuevos, aunque lo único destacable en cuanto a forma es la presencia de una bandeja sobre la parte derecha del salpicadero, muy útil para llevar pequeños objetos, pero bastante indeseable en cuanto obstáculo para el aire de la ventilación. En cuanto a este sistema, digamos que funciona bien, pero no mejor que en las versiones precedentes, pese a la toma dinámica.

Digamos finalmente que el retrovisor exterior es similar al que equipa la gama 131 y no equipa sistema alguno para reglaje desde el interior. El equipo en su conjunto es sobrio, pese al buen nivel de presentación del CLX, y está muy de acuerdo con la línea que han seguido los 127. Más que aceptable.

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MECANICA: CUESTION DE DECISION

Aceptar o no el nivel mecánico del 1 27-CLX equivale a aceptar o no toda la historia del 127. Como quiera que las prestaciones son las mismas, sólo queda decidir —por parte del usuario— si conviene o no seguir aceptando un automóvil que, aunque económico, no da prestaciones brillantes o dejarse llevar por la corriente de los nuevos modelos más rápidos.

Personalmente opinamos que el 127, en este caso la versión CLX, sigue interesando a una gran masa de usuarios. Más aún si tenemos en cuenta que los precios de los combustibles seguirán creciendo y que la actual diferencia entre gasolina y gasóleo —con distintos precios políticos— puede tener una vida muy corta.

Aunque ya muy explotado, el pequeño motor 903 que equipa el CLX sigue siendo un motor interesante para obtener una buena relación prestaciones/consumo. Bien es verdad que Seat ha perdido la oportunidad —aunque existiera urgencia o imposibilidad técnica— de añadir una quinta velocidad, con lo que los resultados hubieran hecho olvidar la dureza de los asientos o las lagunas de equipamiento.

La suspensión es muy eficaz, compromiso ideal entre confort y fidelidad de comportamiento. Igual ocurre con el resto de la planta mecánica, directamente tomada de los 127 anteriores y plenamente vigente si no pretendemos esperar peras del olmo.

El bajo consumo que es posible obtener —atención a las posteriores explicaciones sobre el mismo— y las enormes posibilidades de utilización que un 127 nos ofrece, le hacen acreedor a un puesto significativo dentro del mercado español Sus prestaciones velocísticas prácticas, comparadas con las que la “new wave” automovilística viene ofreciendo, se quedan ya algo cortas, por lo que el análisis de su estructura mecánica con vistas a la adquisición es ya una pura cuestión de preferencias. Nosotros hemos querido definir a este nuevo 127-CLX como un vehículo eminentemente urbano, lo cual no descarta una utilización en carretera, incluso con pasajeros y carga, tal y como marca la tradición de este veterano de Seat.

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COMPORTAMIENTO: SANO COMO UNA MANZANA

Si algo destaca en la forma de comportarse del CLX, tal y como ocurría en versiones precedentes del 127, es una nobleza absoluta de reacciones. El mismo automóvil que ha competido en carreras de velocidad de grupo 1 puede ser disfrutado ahora en la versión CLX, y todo ello gracias a un diseño moderno y una suspensión trasera impecable y sencilla. El ballestón trasero sigue comportándose como un elemento estabilizador imprescindible —además de su función portante y de elemento elástico— y la suspensión delantera McPherson es tan válida como la de un diseño actual. Todo ello redunda en un comportamiento en marcha intachable, incluso cuando se busca la máxima velocidad en curva (para lo cual hay que hinchar los neumáticos Michelin XZX de origen hasta con un kilo más de lo recomendado).

El escalonamiento de velocidades es un acierto, aunque las relaciones son muy cortas y ello limita enormemente la utilización de las posibilidades del motor. Por supuesto, y valga la repetición, se hace notar la ausencia de una quinta marcha, relación que haría bajar el régimen en velocidades de crucero, con la consiguiente ventaja en velocidad punta, consumo y longevidad. Aparte de esto, hay que resaltar la falta de precisión (a pesar de un recorrido corto y una gran rapidez en la selección) de mando del cambio, que en algunas ocasiones es “terquedad”. A menudo las marchas se niegan a entrar y las menos (sobre todo, la segunda) son escupidas hacia el punto muerto, lo que ocasiona más que molestias. El embrague tiene escasa precisión y un tacto esponjoso que hace sospechar problemas inmediatos; confesemos, sin embargo, no haber notado un solo fallo, excepto la falta de progresividad del citado mando.

Existe en el CLX un problema que no habíamos observado en otras versiones y que hemos de achacar a un fallo de nuestro modelo de prueba exclusivamente: falta evidente de frenos. La progresividad es buena, así como la regularidad de presión en las cuatro ruedas; sin embargo, no pueden abordarse situaciones límite con seguridad, porque en el último momento toda la presión que podamos ejercer con el pie es poca. Puede tratarse de un problema de líquido, de bombeo o incluso de pastillas inadecuadas, pero lo cierto es que debe tratarse de una pega aislada, rara vez observada en un 127.

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CONCLUSION

Pese a tratarse de un automóvil ya entrado en años, el 127 debe ser admitido universalmente como uno de los grandes aciertos de la industria de la automoción. Su validez se extiende incluso a lo largo de este complicado principio de los años 80, por lo que cualquier mejora añadida a su personalidad debe ser admitida plenamente, como es el caso de la versión CLX.

Nuestra conclusión, pese a las lagunas observadas, es positiva e incondicional a favor del “eterno” Seat 127.

Se trata de un coche donde la presentación se lleva a la máxima expresión de su categoría y precio, aun cuando el equipo sigue de acuerdo con el segmento y la motorización se muestra reacia al cambio. Prima la economía de uso, adquisición y mantenimiento, valores que permanecen, aun cuando nuestra prueba (sobre un vehículo escasamente rodado, con tan sólo 2.000 kilómetros en su haber) ha arrojado resultados muy negativos. La objetividad y la ética nos impiden ocultar estas concreciones en cuanto al gasto y las prestaciones, pero estamos seguros de que el CLX —y esto es de ley— se muestra tan parco en consumo y tan espléndido en prestaciones como cualquiera de sus hermanos 127 ya existentes en el mercado.

 

Fuente: VELOCIDAD Nº1036, 1 de Julio de 1981.

Texto: Jorge Silva.

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Maria 09/26/2015 08:46

Hola, me gustaria saber donde puedo alquilar un seat 127 color cobre para un evento.
Gracias